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domingo, 1 de agosto de 2010

San Pedro - ¿Pueblo o ciudad?

Hacía entre 15 y 18 años que no iba a San Pedro. Los recuerdos que tenía eran de un apacible, tranquilo y hermoso pueblo a orillas del Paraná. Volví este año, como dije en otra entrada de este blog, para traer material con el fin de enriquecer Mis pueblos queridos. Sentí un impacto tan grande, que me costó mucho rehacerme para poder escribir sobre si San Pedro continúa siendo un pueblo.

Me gusta el progreso, pero me agrada el progreso armónico, en el que se construye sin destruir, en el que hay una planificación a largo plazo de lo que se hace hoy para que no sea un mamarracho arquitectónico y urbanístico mañana, en el que se respeta la historia de cada una de las viviendas, en el que una calle adoquinada es preferible a una asfaltada porque responde a un valor estético relacionado con quienes habitan el lugar y las casas en que moran. Dejando bien claro que estoy a favor del progreso, de la integración, del bienestar, de la comodidad, me siento en condiciones de escribir sobre San Pedro actual.

Sé perfectamente que uno nunca vuelve a un pueblo, siempre va. Porque aunque lo haya dejado de visitar 10 años, 1 mes, 1 día, 1 segundo, jamás va a encontrar lo que dejó, dado que el tiempo pasó y las cosas, aunque mínimas, cambiaron. Heráclito, filósofo griego presocrático, decía que no nos bañamos dos veces en las aguas del mismo río, enfatizando con la metáfora filosófica, la importancia del tiempo que transcurre sin cesar.

Convengamos, entonces, que fui a San Pedro, después de 15 años. No me gusta prejuzgar acerca de lo que voy a encontrar, sino que prefiero que el entorno me conmueva, me impresione, me impacte, me agrade o no.

Pese a que me cuido mucho de no prejuzgar, es muy difícil apartarse de los recuerdos que lo acompañan a uno, cuando va a un pueblo al que visitó casi semanalmente durante años. Es difícil disociarse tanto como para hacer de cuenta que uno está viviendo por primera vez la experiencia de estar donde ya estuvo.

Mis recuerdos de San Pedro giraban en torno del Hotel de Turismo, del Club Náutico, de las barrancas naturales que bajan drásticamente hasta el Paraná y el resto del pueblo estaba armónicamente vinculado con esas imágenes. No había nada disruptivo. Me acordaba de que había muchas casas en torno de esos puntos que fueron mi destino durante muchos años.

Al ir, el 1 agosto de 2010, no encontré la misma armonía de la que disfrutaba antes, descubrí un pueblo que está transformándose en ciudad, pero sin planificación urbana, ni respeto por la estética arquitectónica que lo hacía reconocible. Me resultó displacentera la experiencia de enajenación que me produjo el no reconocer dónde me encontraba. Los mojones que me guiaban, por suerte, siguen estando. Digo, que el Hotel de Turismo y el Club Náutico, por suerte son reconocibles. No sucede lo mismo con el resto del pueblo. Me pregunté muchas veces por qué sentía esa extrañeza respecto del lugar. Comencé a darme cuenta de la respuesta cuando percibí los edificios de propiedad horizontal. Ese es el factor que desentona, que es disruptivo, que choca. En un pueblo, rodeado de tierras habitables, es absurdo concentrar población en una pequeña superficie. El crecimiento demográfico tiene que estar calculado de antemano y las viviendas necesarias también, pero no para el año que viene, sino para dentro de 30 o 50 años. Así, la construcción de casas se hace concéntrica pero se expande horizontalmente y no verticalmente como está ocurriendo.

Después, cuando los reglamentos no se cumplen, vienen los problemas. Las calles quedan angostas para transitar, no hay lugar para estacionar, los sistemas cloacales no alcanzan, el agua corriente tampoco. La población está obligada a vivir amontonada en 20 o 30 manzanas. Digo que después vienen las lamentaciones por no haber hecho las cosas como se debían hacer o sea con una adecuada planificación previa. Bajo ningún concepto se deben permitir excepciones como para que construyan edificios de propiedad horizontal, si eso no está previsto en la planificación urbana. Para ello debe haber una planificación y un estricto cumplimiento de la misma.

En un país donde sobra territorio, es absurdo el crecimiento vertical en desmedro del horizontal, en lo que a edificación se refiere. La fotografía que se ve más abajo intenta ejemplificar lo que he escrito.

Respeto y quiero al pueblo sanpedrino, respeto y quiero el lugar donde viven. Lamento que los pobladores estén expuestos a sufrir, de ahora en más.



Así, suele comenzar el caos. Después de que pasan unos años, es peor.




Las casas bajas, contrastanto con un edificio de propiedad horizontal. Así comienza la ruptura entre la estética propia del pueblo y la nueva estética, disruptiva, que se le va imponiendo.


Escribo estas líneas con aflicción, porque pienso en cómo va a sufrir el noble pueblo sanpedrino y cómo se va a perder el candor y la calidez propia de un lugar, que quiere seguir siendo un pueblo y no una enloquecedora ciudad.

San Pedro. Don Fernando García Curten. Imágenes de su obra.



Diálogo informal con el artista.



Entrada de la Casa Museo Fernando García Curten



Fachada de la Casa Museo



Escultura y dibujos de Don Fernando García Curten



Cuadro en tres dimensiones, de Don Fernando.



Este cuadro es representativo de la transición desde la pintura a la escultura, de Don Fernando. Obsérvense las tres dimensiones y la ventana, abajo y a la izquierda, que abren el plano al espacio. Según el propio autor, esta es una de las obras con las que va finalizando su período plástico pictórico para pasar a la escultura.



Las obras de este artista son impactantes.



Parece difícil, a veces, suponer qué es lo que nos quiere transmitir. Pero basta con dejar que la sensibilidad de uno aflore, para encontrar el sentido de su obra.



Es muy probable que quienes descubran estas obras por primera vez se sorprendan. El significado es mucho más humano y está más cerca de nuestra experiencia que lo que aparenta.



Creo que se puede tardar en comprender al autor, lo que no sucede es que su obra nos resulte indiferente.



No es casual que haya poca luz en el museo. Es parte de lo que el artista quiere expresar.



El artista dice que la pintura sólo fue un escalón que le permitió llegar a la escultura, que era adonde él se dirigía, sin darse cuenta, desde un comienzo.



Los misterios más humanos están en todas sus esculturas. También lo desgarrador.



Pintura casi tridimensional, muy cercana a la época en que Don Fernando pasara a dedicarse a la escultura.



Representaciones, de diferentes maneras, de nuestros enigmas más conmovedores.



Somos lo que el artista nos expresa aquí, aunque no lo queramos.



Elementos sencillos para hacer las esculturas, pero plenos de sentido. Cada cosa ocupa su lugar, no hay nada librado al azar. Aunque en toda obra de arte, lo azaroso juega con los significados permantemente.



Pinturas expresivas, sin duda.



Imagen pictórica en la que está expuesta la dualidad que más nos angustia.



Desgarradora imagen.



El espacio, el socavón, la ventana, la tridimensionalidad en sus comienzos, en la vida del autor.



¿Cómo evitar el impacto de esta obra?



El abuelo de Don Fernando, que era minero en Asturias. "Fue un tributo a mi abuelo", dice de su obra el autor.



Parece que uno mismo cargara con la tragedia y el peso que carga la escultura.



La tridimensionalidad en sus cuadros.



Hemos visto esta misma obra, desde otra perspectiva.



Algunos elementos con los que trabaja el artista.



Por la puerta de la derecha se entra al museo.



Otra perspectiva de la entrada al museo.



Parte de la obra de Don Fernando García Curten.


Si el lector desea más información sobre el artista Fernando García Curten, le sugiero que revise la siguiente dirección de Internet: http://www.fernandogarciacurten.org/

San Pedro y Vuelta de Obligado


Vuelta de Obligado es un pequeño pueblo que está a unos 15 kilómetros al norte de San Pedro. Une a ambas localidades una ruta angosta. Es un camino para transitar de día.

Quizá lo importante sea rendirles un homenaje a los héroes de la batalla de la Vuelta de Obligado, en la que nuestras tropas se trabaron en una feroz y encarnizada lucha contra ingleses y franceses, en total inferioridad de condiciones. La estrategia fue notable. Sabiendo que las naves extranjeras iban a remontar el río Paraná, se buscó un lugar donde los márgenes no estuvieran demasiado alejados. En el recodo natural de Vuelta de Obligado, los márgenes están próximos y es inevitable pasar por él, de modo que allí esperaron nuestras tropas a las enemigas.



La Batalla de la Vuelta de Obligado se produjo el 20 de noviembre de 1845. Enfrentó a la Confederación Argentina, liderada por Juan Manuel de Rosas y a la escuadra anglo-francesa, cuya intervención se realizó con el pretexto de lograr la pacificación ante los problemas existentes entre Buenos Aires y Montevideo.
En 1845, el general Juan Manuel de Rosas gobernaba por segunda vez la Provincia de Buenos Aires, mientras que la Banda Oriental se encontraba en medio de una guerra civil entre los caudillos Manuel Oribe y Fructuoso Rivera. Oribe acudió a Rosas, buscando apoyo para recuperar el gobierno que había perdido ante Rivera, a lo cual Rosas accedió con aporte de tropas y armamento. Con esta ayuda, Oribe invadió el Uruguay y sitió la ciudad de Montevideo.

La intervención de fuerzas extranjeras exaltó los ánimos, y motivó que Gran Bretaña y Francia intervinieran en el conflicto, apoyando al Gobierno de la Defensa, auto-convocándose como mediadores en el conflicto. Rosas fue intimado a retirar sus tropas, pero rechazó la intimación. Inmediatamente, la escuadra porteña que bloqueaba Montevideo fue capturada por la flota combinada.

Con el desarrollo de la navegación a vapor - principalmente efectuado en Inglaterra, Francia y Estados Unidos - ocurrido en la tercera década del siglo XIX, grandes navíos mercantes y militares podían remontar en tiempos relativamente breves los ríos en contra de la corriente, y con una buena relación de carga útil.
Este avance tecnológico acicateó a los gobiernos británicos y franceses que, desde entonces, siendo las superpotencias de esa época, pretendían lograr garantías que permitieran el comercio y el libre tránsito de sus naves por el estuario del Plata y todos los ríos interiores pertenecientes a la cuenca del mismo.

En el año 1811, poco después de la Revolución de Mayo, Hipólito Vieytes recorrió la costa del río Paraná buscando un sitio ideal en donde poder montar una defensa contra un hipotético ataque de naves realistas. Para este propósito consideró al recodo de la Vuelta de Obligado como el sitio ideal, por sus altas barrancas y la curva pronunciada que obligaba a las naves a recostarse para pasar por allí. Rosas estaba al tanto de sus anotaciones, y es por ello que decidió preparar las defensas en dicho sitio.

En su nota sobre este combate, al explicar el interés que movía a Rosas, señala el historiador Felipe Pigna que el mismo:
Compartía con los terratenientes bonaerenses la seguridad de que el Estado no podía entregarse a ninguna potencia extranjera. No había tanto en Rosas y sus socios políticos y económicos una actitud fanática que se transformara en xenofobia ni mucho menos, sino una política nacionalista pragmática que entendía como deseable que los ingleses manejasen nuestro comercio exterior, pero que no admitía que se apropiaran de un solo palmo de territorio nacional que les diera ulteriores derechos a copar el Estado, fuente de todos los negocios y privilegios de nuestra burguesía terrateniente.

De acuerdo con análisis arqueológicos realizados en el año 2000, numerosas familias indígenas vivían por la zona y fueron expulsadas para construir las defensas.
El 13 de agosto de 1845 se le dieron instrucciones a Lucio Norberto Mansilla para construir baterías costeras artilladas. Mansilla solicitó al Juez de Paz sanpedrino don Benito Urraco que le informase sobre el armamento existente y la población de entre 15 y 70 años, y que pusiera en estado de asamblea a la milicia activa. El día 22 pedía el envío de 30 tirantes de madera para la construcción de las baterías, y el 12 de noviembre envió a San Pedro al sargento mayor Julián Bendim, al mando de "ciento setenta y tantos" soldados de caballería e infantería, para proteger a la ciudad de un posible desembarco anglofrancés.

En el marco de la Guerra Grande, una flota anglo-francesa – integrada por 22 barcos de guerra y 92 buques mercantes – fue interceptada por tropas argentinas, al mando del general Lucio Norberto Mansilla. Los europeos disponían de 418 cañones y 880 soldados, contra seis barcos mercantes y 60 cañones de escaso calibre que les opuso Rosas.

Once buques de combate de la escuadra anglo-francesa navegaban por el río Paraná desde los primeros días de noviembre; estos navíos poseían la tecnología más avanzada en maquinaria militar de la época, impulsados tanto a vela como con motores a vapor. Una parte de ellos estaban parcialmente blindados, y todos dotados de grandes piezas de artillería forjadas en hierro y de rápida recarga y cohetes Congreve.

La principal fortificación argentina se encontraba en la Vuelta de Obligado, donde el río tiene 700 m de ancho, y un recodo pronunciado dificultaba la navegación a vela.

El general Mansilla hizo tender tres gruesas cadenas de costa a costa, sobre 24 lanchones. La operación estuvo a cargo, principalmente, de un italiano inmigrado a la Argentina, de apellido Aliverti.


En la ribera derecha del río montó 4 baterías artilladas con 30 cañones, muchos de ellos de bronce, con calibres de 8, 10 y 12, siendo el mayor de 20, los que eran servidos por una dotación de 160 artilleros. La primera, denominada Restaurador Rosas, estaba al mando de Álvaro José de Alzogaray, la segunda, General Brown, al mando del teniente de marina Eduardo Brown, hijo del almirante, la tercera era la General Mansilla, comandada por el teniente de artillería Felipe Palacios y la cuarta, de reserva y aguas arriba de las cadenas, se denominó Manuelita y estuvo al mando del teniente coronel Juan Bautista Thorne.

Además, en las trincheras había 2.000 hombres, la mayor parte gauchos asignados a la caballería, al mando del coronel Ramón Rodríguez, jefe del Regimiento de Patricios. En el río estaba estacionado un único buque de guerra, el Republicano, que tenía como misión cuidar las cadenas que cruzaban el río. También participaron tropas del 2do batallón de Patricios.

La batalla

El combate se inició al amanecer del día 20 de noviembre, con un intenso cañoneo y fuertes descargas de cohetes sobre las baterías argentinas. Éstas respondieron de inmediato, pero estaban en inferioridad de condiciones, ya que contaban con cañones de mucho menor alcance, mucho menor precisión y mucho más lentas en su recarga que las piezas de los invasores. El intercambio de disparos causó desde un primer momento múltiples bajas por parte argentina.

Es interesante destacar que la presencia de las cadenas, colocadas transversalmente en el río, produjeron el choque de las primeras naves contra ellas, que quedaron atrapadas, sin poder avanzar más. Las naves que venían detrás, no pudieron evitar el choque contra las primeras atrapadas y se produjo, como consecuencia, una primera gran confusión entre las tropas enemigas. Hubo una gran confusión, inevitable en toda guerra. Justamente, la palabra guerra, proviene del indoeuropeo wers que significa confusión. La guerra es una gran confusión que se resuelve cuando uno de los dos vence al enemigo. Recién a partir de ese momento se puede comenzar a ver con más claridad lo sucedido. La confusión pasa.

A poco de iniciarse el combate, el general Mansilla fue herido de alguna gravedad, por lo que fue reemplazado por el coronel Juan Bautista Thorne en el comando de la artillería, mientras que Rodríguez asumió el mando autónomo de sus fuerzas de caballería. Thorne perdió casi por completo la audición por una explosión de granada muy cercana.

Tras varias horas de combate, fuerzas de infantería — principalmente francesas — desembarcaron en la costa, atacando la batería argentina, que perdió 21 cañones en poder del enemigo. Al no poder transportarlos, fueron inutilizados. Pero cuando pretendieron sostener su posición, las fuerzas desembarcadas fueron atacadas por la caballería de Rodríguez, que las obligó a reembarcarse.

Aprovechando la defensa que los argentinos debían hacer de sus piezas de artillería durante el desembarco, las fuerzas atacantes incendiaron los lanchones que sostenían las cadenas. También se perdió el buque Republicano, que fue volado por su propio comandante ante la imposibilidad de defenderlo.

Las fuerzas defensoras tuvieron 250 muertos y 400 heridos. Los agresores, por su parte, tuvieron 26 muertos y 86 heridos y sufrieron grandes averías en sus naves que obligaron a la escuadra a permanecer casi inmóvil en distintos puntos del Delta del Paraná, para reparaciones de urgencia.

Por fin, los europeos consiguieron forzar el paso y continuar hacia el norte, atribuyéndose la victoria.

La campaña naval después de Obligado
Contra lo que las fuerzas vencedoras esperaban, no lograron concitar la simpatía de la población ribereña, especialmente en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos. En las orillas de ambas provincias, la flota fue nuevamente atacada, en los combates de Paso del Tonelero, San Lorenzo y Angostura del Quebracho, tanto de ida como de regreso. En este último combate, en particular, la flota invasora perdió 6 mercantes (2 incendiados por la artillería y cuatro incendiados por sus tripulaciones al encallar) y 2 de sus buques de guerra sufrieron averías de importancia. Los argentinos, por su parte, sólo un muerto y dos heridos. La población civil, al parecer, apoyó firmemente la acción militar de las fuerzas de Lucio Norberto Mansilla y del coronel Martín de Santa Coloma.

En cambio, la flota aglofrancesa logró algunos resultados comerciales en la provincia de Corrientes, que desde hacía varios años permanecía rebelde a la autoridad nacional del general Rosas. Varios de los buques atracaron en los puertos de Goya y Corrientes y en algunos intermedios. Algunas naves continuaron su camino hasta Paraguay, país que también resultaba afectado por el conflicto.

No obstante, el resultado comercial de la campaña fue muy escaso, debido a la pobreza y falta de efectivo en Corrientes y Paraguay. La mayor parte de las mercaderías que portaban quedaron sin colocar. Su costo financiero, después de los daños infligidos por las fuerzas argentinas, se elevó enormemente. Por lo tanto, si bien lograron algunos resultados políticos, los beneficios económicos esperados se trocaron en un fuerte quebranto.

Tras varios meses de haber partido, las naves agresoras debieron regresar a Montevideo “diezmados por el hambre, el fuego, el escorbuto y el desaliento”, al decir del historiador argentino José Luis Muñoz Azpirí.

Consecuencias

De modo que la victoria anglofrancesa resultó pírrica: tanto la decisión de las fuerzas defensoras, como las complicaciones que imponía — e impone actualmente — el sinuoso cauce del Paraná a la navegación, hacían excesivamente costoso intentar nuevamente la navegación del mismo en contra de la voluntad del gobierno argentino.

La batalla tuvo gran difusión en toda América. Chile y Brasil cambiaron sus sentimientos (que hasta entonces habían sido hostiles a Rosas) y se volcaron, momentáneamente, a la causa de la Confederación. Hasta algunos unitarios (enemigos tradicionales de Rosas) se conmovieron y el coronel Martiniano Chilavert se ofreció a formar parte del ejército de la Confederación.

El general José de San Martín expresó desde Francia:

“Los interventores habrían visto que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca. (…) Esta contienda es, en mi opinión, de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España”.

Esta batalla — pese a ser una derrota táctica — dio como resultado la victoria diplomática y militar de la Confederación Argentina, debido al alto costo que demandó la operación. Implícitamente, la resistencia opuesta por el gobierno argentino obligó a los invasores a aceptar la soberanía argentina sobre los ríos interiores.

Gran Bretaña, con el Tratado Arana-Southern, de 1847, concluyó definitivamente este conflicto y en marzo de ese año ordenó el retiro de su flota. Francia tardó un año más, hasta la firma del Tratado Arana-Lepredour.

Estos tratados reconocían la navegación del río Paraná como una navegación interna de la Confederación Argentina y sujeta solamente a sus leyes y reglamentos, lo mismo que la del río Uruguay en común con el Estado Oriental.

(En edición) San Pedro. Su pintor y escultor Don Fernando García Curten

Después

San Pedro - Capital Nacional de la Ensaimada Argentina

Hace un año, aproximadamente, no sabía qué era una ensaimada. De vez en cuando, oía por radio que un locutor sanpedrino, Fernando Bravo, mencionaba eso, que parecía ser comestible. Yo no sabía si era dulce o salado y menos aún qué forma tenía. Sus compañeros de trabajo le pedían que trajera ensaimada, cada vez que viajaba a San Pedro. Así fue como me enteré de que esa ciudad era la Capital Nacional de la Ensaimada pero seguía sin saber la forma y el gusto.



Ensaimadas individuales


Uno de mis hijos se fue a pasear a San Pedro y le dije que por favor me trajera una ensaimada. Cuando vino, después de unos cuantos días, probé por primera vez esa agradable confitura.

Decidido el viaje a San Pedro, con la intención de integrar nuestra experiencia en ese pueblo dentro del contenido del blog, no podía evitar traerme una ensaimada. Habíamos ido ya a lo de Don Fernando García Curten, al Club Náutico y al Hotel de Turismo, lugares bastante conocidos por viajes realizados en otras épocas. Una joven salía de su casa con la bicicleta y frené para preguntarle qué panadería me recomendaba para comprar la mejor ensaimada de San Pedro. Pensó un rato y me dijo: "Vaya a La buena moza, que queda..." Puse primera y salimos para La buena moza.

Hasta ahí, sabía que la ensaimada era dulce, que tenía crema pastelera y nada más. Grande fue mi sorpresa cuando la panadera me preguntó con qué relleno la quería, puesto que yo creía que había un sólo gusto. Entonces, le pregunté: "¿Cómo con qué relleno la quiero? Por favor, dígame las opciones que tengo" Me respondió: "Crema, dulce de leche o mixta, mitad de dulce de leche y mitad de crema" La opción crema pastelera no me la mencionó, por lo menos no recuerdo que lo haya hecho. Prepáreme una mixta, le dije con algo de temor, porque no sabía muy bien lo que estaba comprando. Esperamos un buen rato, porque mi hijo me informó que teníamos que traer tres, no una, ¡y de 1 kilo cada una! Vinieron las ensaimadas, en sus simpáticas cajas, subimos al auto y yo traía en el baúl tres kilos de no sabía qué. Suficiente acicate esa incógnita para mí, como para investigar acerca de las ensaimadas, su origen y su manufactura.










Me enteré de que 'ensaimada', es un nombre mallorquín, que proviene de 'saim' que significa manteca de cerdo. Es un postre tradicional en la isla de Mallorca, desde donde llegó a nuestras tierras. Los primeros escritos sobre las ensaimadas mallorquinas datan del siglo XVII. La etimología de la palabra y el origen del alimento, probablemente estén relacionados con la ocupación de la isla y del sur de la península por los moros, en siglos pasados. Desde hace muchos años y de manera continuada, se elabora y consume en Mallorca. La ensaimada de Mallorca, contiene harina, azúcar, levadura, agua, huevos y grasa de cerdo; se hornea y se espolvorea o no con azúcar y se vende. En la elaboración tiene una importancia fundamental la experiencia del que la hace, para conferirle al producto sus características distintivas. Tiene forma espiralada, como se ve en la fotografía.



Sobre la elaboración de la ensaimada.


Han pasado tantos años desde la ocupación mora de España, que la ensaimada se considera un producto de repostería originario de la isla de Mallorca, elaborado artesanalmente.

La Ensaimada de Mallorca ha logrado obtener la protección como Denominación Específica y el gobierno de las Islas Baleares aprobó el Reglamento, actualmente vigente, que la reconoce como Indicación Geográfica Protegida.

Actualmente, la Ensaimada de Mallorca constituye el producto de repostería por excelencia con el que se identifica la Isla de Mallorca y cuenta con un gran reconocimiento social. En este sentido, la actividad turística desarrollada en la Isla ha permitido que este producto adquiriera un reconocimiento internacional.

Ensaimada de Mallorca: denominación que hace referencia a que no lleva ningún tipo de relleno. Popularmente denominada como "lisa".
Ensaimada de Mallorca de cabello de ángel: rellena de cabello de ángel.
Ambos tipos de ensaimada, opcionalmente y una vez elaborados, se pueden espolvorear con azúcar impalpable.

También existen otras variantes, no amparadas directamente por la Indicación Geográfica Protegida. En función de la presencia de relleno, se distinguen dos tipos de ensaimada protegida por la Indicación Geográfica Protegida "Ensaimada de Mallorca":
De nata: rellena de nata montada y azucarada, que debe conservarse refrigerada (para garantizar que la nata se mantenga en condiciones óptimas.
De crema: rellena de crema pastelera.
De crema quemada: rellena de crema pastelera, que se quema para conseguir un efecto caramelizado.

Además, existen multitud de variantes, no tan habituales, que surgen del ingenio de los pasteleros: rellena de chocolate, rellena de nata montada y chocolate, y toda clase de rellenos. También es muy típica una ensaimada individual (20 cm de diámetro) cubierta de crema pastelera. Los envases en los que se comercializan ensaimadas amparadas por la Indicación Geográfica Protegida van provistos de un precinto de garantía y/o contraetiqueta del Consejo Regulador, numerado y expedido por éste. Tradicionalmente, son de forma octogonal y fabricados con cartón.

Los emigrantes mallorquines y baleares en general han hecho común la ensaimada en Argentina, donde es consumida casi como una factura. La ensaimada de Argentina, si bien guarda evidentemente sus nexos con la mallorquina, puede tener especiados algo diversos: anís e incluso sésamo. La ciudad de San Pedro ha sido declarada la Capital Nacional de la Ensaimada Argentina y en este lugar pueden conseguirse en varias confíterias.